lunes, 13 de junio de 2016

Un bicho no tan insignificante

La naturaleza nos ha demostrado que en lo más mínimo cabe un universo y que en un universo cabe los más pequeño.

Comparto este artículo de El País de España que plantea esta tesis con un ejemplo clarísimo.

El bichito que planta cara a Dios

Un organismo marino muestra por qué el ser humano no está en la cúspide de la evolución.


Por Manuel Ansede @manuelansede

“Sólo la casualidad puede aparecer ante nosotros como un mensaje. Lo que ocurre necesariamente, lo esperado, lo que se repite todos los días, es mudo. Sólo la casualidad nos habla”, escribía Milan Kundera en La insoportable levedad del ser. Y algo habla, o más bien grita, en una playa de Badalona, cerca de Barcelona: la dominada por el puente del Petróleo. Por este pantalán que se mete 250 metros en el mar Mediterráneo se descargaban productos petrolíferos hasta finales del siglo XX. Y a sus pies se levanta desde 1870 la fábrica de Anís del Mono, el licor en cuya etiqueta aparece un simio con la cara de Charles Darwincomo guiño a la teoría de la evolución, por entonces polémica.
Hoy, el puente del Petróleo es un precioso mirador con una estatua de bronce dedicada al mono con rostro darwinista. Y, por una casualidad que habla, entre sus paseantes habituales se encuentra un equipo de biólogos evolutivos deldepartamento de Genética de la Universidad de Barcelona. Caminan por la pasarela sobre el océano y lanzan un cubo para atrapar a un animal marino, elOikopleura dioica, un bicho de tan solo tres milímetros, pero con boca, ano, cerebro y corazón. Parece insignificante, pero, como Darwin, hace que el discurso de las religiones se tambalee. Coloca al ser humano en el lugar que le corresponde: con el resto de animales.
El organismo marino 'Oikopleura dioica' señala a la pérdida de genes ancestrales, compartidos con los humanos, como motor de la evolución
“Hemos estado mal influenciados por la religión, pensando que estábamos en la cúspide de la evolución. No lo estamos. Estamos al mismo nivel que el resto de los animales”, sentencia el biólogo Cristian Cañestro. Junto a su colega Ricard Albalat dirige una de las tres únicas instalaciones científicas del mundo para estudiar al Oikopleura dioica. Las otras dos están en Noruega y Japón. La suya es una salita fría, con centenares de ejemplares prácticamente invisibles metidos en recipientes de agua, en un rincón de la Facultad de Biología de la Universidad de Barcelona.
“La visión hasta ahora es que al evolucionar ganábamos en complejidad, ganando genes. Así se pensó cuando se secuenciaron los primeros genomas, de mosca, de gusano y del ser humano. Pero hemos visto que no es así. La mayoría de nuestros genes está también en las medusas. Nuestro ancestro común los tenía. No es que nosotros hayamos ganado genes, es que los han perdido ellos. La complejidad génica es ancestral”, sentencia Cañestro.
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Una hembra de 'Oikopleura dioica' llena de huevos. CAÑESTRO & ALBALAT LAB
En 2006, este biólogo investigaba el papel de un derivado de la vitamina A, el ácido retinoico, en el desarrollo embrionario. Esta sustancia indica a las células de un embrión lo que tienen que hacer para convertirse en un cuerpo adulto. El ácido retinoico activa los genes necesarios, por ejemplo, para formar las extremidades, el corazón, los ojos y las orejas. Cañestro estudiaba este proceso, común en los animales, en el Oikopleura. Y se quedó con la boca abierta.
“Los animales utilizan una cascada de genes para sintetizar el ácido retinoico. Me di cuenta de que en el Oikopleura dioica faltaba uno de estos genes. Luego vi que faltaban más. No encontrábamos ninguno”, recuerda. Este animal de tres milímetros fabrica su corazón, de manera inexplicable, sin ácido retinoico. “Si ves un coche sin ruedas moviéndose, ese día tu percepción de las ruedas cambia”, ilustra Cañestro.
Nuestro último ancestro común vivió hace 500 millones de años. Desde entonces, el 'Oikopleura' ha perdido el 30% de los genes que nos unían
El último ancestro común entre este minúsculo habitante de los océanos y el ser humano vivió hace unos 500 millones de años. Desde entonces, elOikopleura ha perdido el 30% de los genes que nos unían. Y lo ha hecho con éxito. Si usted se mete en cualquier playa del mundo, allí estarán ellos rodeando su cuerpo. En la batalla de la selección natural, los Oikopleura han ganado. En algunos ecosistemas marinos, su densidad alcanza los 20.000 individuos por cada metro cúbico de agua. Son perdedores, pero solo de genes.
Albalat y Cañestro acaban de publicar en la revista especializada Nature Reviews Genetics un artículo que analiza la pérdida de genes como motor de la evolución. Su texto ha despertado interés mundial. Ha sido recomendado por F1000Prime, una clasificación internacional que señala los mejores artículos sobre biología y medicina. El suyo empieza con una frase del emperador romano Marco Aurelio, filósofo estoico: “La pérdida no es más que cambio y el cambio es un placer de la naturaleza”.
Los dos biólogos subrayan que la pérdida de genes, incluso, pudo ser clave para el origen de la especie humana. “El chimpancé y el ser humano comparten más del 98% de su genoma. Quizás habría que buscar las diferencias en los genes que se han perdido de manera diferente durante la evolución de los humanos y el resto de primates. Algunos estudios sugieren que la pérdida de un gen hizo que la musculatura de nuestra mandíbula fuera más pequeña y esto permitió aumentar el volumen de nuestro cráneo”, hipotetiza Albalat. Quizá, perder genes nos hizo más inteligentes que el resto de los mortales.
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Investigadores del laboratorio de Cristian Cañestro y Ricard Albalat. UB
En 2012, un estudio del genetista estadounidense Daniel MacArthur mostró que, de media, cualquier persona sana tiene 20 genes que no funcionan. Y, aparentemente, tan campantes. Albalat y Cañestro, del Instituto de Investigación de la Biodiversidad (IRBio) de la Universidad de Barcelona, ponen dos ejemplos muy estudiados. En algunas personas, los genes que codifican la proteína CCR5o la DUFFY están anulados por mutaciones. Son las proteínas que utilizan, respectivamente, el virus del sida y el parásito que causa la malaria para entrar en las células. La pérdida de estos genes hace a los humanos más resistentes a estas enfermedades.
En el laboratorio de Cañestro y Albalat hay un cartel que imita al de la películaReservoir Dogs, en el que aparecen los científicos y otros miembros de su equipo vestidos con camisas blancas y corbatas negras, como en el filme de Quentin Tarantino. Su montaje se titula Reservoir Oiks, en alusión al Oikopleura. Los dos biólogos creen que el organismo marino va a permitir formular, y responder, preguntas nuevas sobre nuestro manual de instrucciones común: el genoma.
El 'Oikopleura' permite estudiar qué genes humanos son esenciales: por qué algunas mutaciones son irrelevantes y otras provocan efectos terribles en nuestra salud
El cerebro del Oikopleura tiene unas 100 neuronas y el de los humanos contiene 86.000 millones, pero somos mucho más similares de lo que parece. Entre un 60% y un 80% de las familias de genes humanos tienen un claro representante en el genoma deOikopleura. “Este animal nos permite estudiar qué genes humanos son esenciales”, aplaude Albalat. O lo que es lo mismo: por qué algunas mutaciones son irrelevantes y otras provocan efectos terribles en nuestra salud.
Los seres vivos poseen una maquinaria celular que repara las mutaciones que surgen en su ADN. El Oikopleura dioica ha perdido 16 de los 83 genes ancestrales que regulan este proceso. Esta incapacidad para autorrepararse podría explicar su pérdida extrema de genes, según detalla el artículo en Nature Reviews Genetics.
A Cañestro se le ilumina la mirada al hablar de estas ausencias. Los genes suelen actuar en cascada para llevar a cabo una función. Si en una cascada conocida de ocho genes faltan siete en el Oikopleura, porque la función se ha perdido, la permanencia del octavo gen puede revelar una segunda función esencial que había pasado desapercibida. Ese gen sería como un cruce de autopistas. Desmantelada una carretera, sobrevive porque es fundamental en otra ruta. “Esa segunda función ya estaba en el ancestro común y puede ser importante en los humanos”, celebra Cañestro.
“No hay animales superiores y animales inferiores. Nuestras piezas de Lego son básicamente las mismas, aunque con ellas construyamos cosas diferentes”, zanja el biólogo. Piense en su lugar en el mundo la próxima vez que bucee en el mar. Esa nieve blanca que flota en el agua y se puede ver a contraluz son las deposiciones del Oikopleura.

lunes, 18 de abril de 2016

Nootropics. ¿Qué tan bueno son?

http://www.iflscience.org/nootropics-need-know/


Nootrópicos son muy populares, pero son buenos para usted?

Biohacking  es una práctica relativamente nueva que consiste en tomar drogas para alterar la bioquímica de su cuerpo y la forma en que funciona el cerebro. La gente está experimentando con diferentes tipos de medicamentos llamados nootrópicos que se cree por algunos para mejorar el rendimiento cognitivo.
Derivado de la palabra griega nous , que significa "mente", y  trepein que significa "doblar" nootrópicos es un nombre de la calle para cualquier suplemento que pretende aumentar la vigilancia, la cognición o enfocar y dar a flexión de la mente experiencias. Pero hay un peligro que se oculta en estos suplementos para el cerebro-que alza aparentemente inofensivos?
Estos potenciadores cognitivos se pueden comprar sin receta o en línea, y están siendo utilizados por estudiantes, profesionales, deportistas y ancianos en todo el mundo. Dicen que no es para uso recreativo, sino más bien para mejorar la memoria y el enfoque. Sin embargo, parece dar a algunas personas el ansia de carne, y no de una manera positiva.

La idea de nootrópicos ha existido desde la década de 1970, pero sólo ganado popularidad en los últimos años, gracias en parte a la película sin límites . En la película, el personaje principal se da una "droga inteligente" o una nootropic, lo que le da las capacidades cognitivas y físicas sobrehumanas. Por lo tanto, muchas personas comienzan su búsqueda nootropic con esto en mente, y esperan lograr los mismos resultados sobrehumanos. No se dan cuenta de los horrores que pueden esperan.
Nootrópicos no le dará habilidades sobrehumanas. Biohacking no le otorgará la capacidad de aprender a tocar un instrumento en tres días. Usted no va a aprender a hablar varios idiomas sin ningún esfuerzo. Sus ojos no van a cambiar de color por la ingestión de una llamada "droga inteligente".
Sin embargo, algunas cosas interesantes y tal vez incluso terribles pueden suceder a mano por si optar por utilizar ciertos nootrópicos en un intento de alterar su bioquímica y mejorar su función cognitiva. Usted podría terminar muerto.
Las fuentes dicen que los nootrópicos pueden contener catinona , el ingrediente principal delas sales de baño de drogas , o alfa-PVP , el principal ingrediente de la droga conocida como Flakka o grava. Estas drogas 'diablo', ya que muchos de ellos están llamando, causan estragos en las comunidades y son al parecer no es diferente de veneno para ratas. Te van a matar. Estos ingredientes hacen dar sensación de fuerza sobrehumana, pero en lugar de proporcionar la función cognitiva mejorada, en realidad causan daños neurológicos de larga duración y que se convierten en un zombie come carne.
"Vemos que la gente de todos los tiempos que toman estos llamados 'drogas inteligentes' y luego terminan convirtiendo en zombis carnívoros", un epidemiólogo abuso de drogas dijo IFLScience bajo la condición de anonimato. "Y luego mueren. Si tienen suerte ". 
Aaron en blanco es uno de los desafortunados que no murieron. Además de ser el cerebro dañado y que sufren de insuficiencia cardíaca congestiva debido a kettleball ejercicios , sus funciones neurológicas están dañados irreparablemente de tomar nootrópicos que lo convirtieron en un comedor de carne, y las tareas diarias son una lucha ahora. A pesar del daño cerebral y la reducción de las funciones neurológicas, Aaron todavía recuerda algunas de sus experiencias con nootrópicos.
He utilizado algunos nootrópicos que he comprado en línea de China a mantener la concentración y alerta durante las series de entrenamiento muy largas con kettleballs," dice con baba goteando desde un lado de la boca. "Me dejó de tomarlos porque siempre iba a terminar desnudo y morder a la gente a mi alrededor."
Si usted está mirando para aumentar su función cognitiva y la concentración mental por inyección o inhalación de fármacos nootrópicos con diablo en ellos, es probable que terminan en un zombi. Esperar convulsiones, paranoia, delirios y tan pronto como se golpeó la tubería.Es probable que actuar psicótico, agresivo, y tratar de morder a la gente, y puede terminar hiriendo a sí mismo oa otros.
Nootrópicos son reportados para aumentar el deseo de sangre y hacer que el sabor de la carne suena apetecible. A menudo puede encontrar usuarios nootrópicos comiendo carne poco antes de que sucumben al deseo de la carne humana. Las personas que usan nootrópicos por lo general tienen la sangre alrededor de la boca, son muy pálido, y están tratando de atacar a usted, probablemente con sus dientes. Si usted se encuentra siendo atacado por un usuario nootrópicos, considerar la adopción de estos pasos: Ataque Nootropics movimientos de defensa .
Jeffrey Dahmer era según se informa un usuario nootrópicos pesada, teniendo fuertes dosis sobre una base diaria. Se informó de un famoso boxeador haber tomado una dosis letales de nootrópicos antes de sus peleas, dándole un deseo insaciable de sangre. Pero nootrópicos todavía están disponibles, a pesar de estos hechos mortales.
Sobre la base de todo esto, probablemente nootrópicos son extremadamente peligroso y una amenaza para nuestro futuro. Es posible que le haga un zombi y destruir sus funciones neurológicas si se toman, basado en la evidencia científica. Los funcionarios del gobierno deben tomar nota de esta nueva tendencia y poner fin a la misma antes de que se hace cargo de nuestras comunidades. Nuestros cerebros nuestros en juego.


Nootropics are really popular, but are they good for you?

Biohacking is a fairly new practice that involves taking drugs to alter your body’s biochemistry and the way your brain works. People are experimenting with different types of drugs called nootropics that are believed by some to improve cognitive performance.
Derived from the Greek words nous, meaning “mind,” and trepein meaning “bend,” nootropics is a street name for any supplement that claims to increase alertness, cognition or focus and give mind bending experiences. But is there a danger lurking in these seemingly harmless brain-boosting supplements?
These cognitive enhancers can be purchased over-the-counter or online, and are being used by students, professionals, athletes, and the elderly across the globe. They say it’s not for recreational use, but rather to improve memory and focus. However, it seems give some people a lust for flesh, and not in a positive way.

The idea of nootropics has been around since the 1970’s, but only gained popularity in recent years, thanks in part to the movie Limitless. In the movie, the main character is given a “smart drug,” or a nootropic, which gives him superhuman cognitive and physical abilities. Therefore, many people begin their nootropic quest with that in mind, and expect to achieve the same superhuman results. They don’t realize the horrors that may await.
Nootropics will not give you superhuman abilities. Biohacking will not grant you the ability to learn to play an instrument in three days. You will not learn to speak multiple languages with no effort. Your eyes will not change color by ingesting a so-called “smart drug.”
However, some interesting and perhaps even terrible things may happen to you should you chose to use certain nootropics in an attempt to alter your biochemistry and enhance your cognitive function. You might end up dead.
Sources say that nootropics may contain cathinone, the main ingredient in the drug bath salts, or alpha-PVP, the main ingredient in the drug known as flakka or gravel. These ‘devil drugs,’ as many are calling them, wreak havoc in communities and are apparently no different than rat poison. They will kill you. These ingredients do give feelings of super human strength, but instead of providing enhanced cognitive function, they actually cause long-lasting neurological damage and turn you into a flesh-eating zombie.
“We see people all time who take these so-called ‘smart drugs’ and then end up turning into flesh-eating zombies,” one drug abuse epidemiologist told IFLScience under the condition of anonymity. “And then they die. If they’re lucky.” 

Aaron Blank is one of the unlucky ones who didn’t die. In addition to being brain damaged and suffering from congestive heart failure due to kettleball exercises, his neurological functions are irreparably damaged from taking nootropics that turned him into a flesh eater, and daily tasks are a struggle now. Despite the brain damage and reduced neurological functions, Aaron still remembers some of his experiences with nootropics.
I used some nootropics I bought online from China to stay focused and alert during really long training sets with kettleballs,” he says with drool dripping from one side of his mouth. “I stopped taking them because I would always end up naked and biting the people around me.”
If you are looking to increase your cognitive function and mental focus by injecting or snorting nootropics with devil drugs in them, you will probably end up a zombie. Expect seizures, paranoia, and delusions as soon as you hit the pipe. You will probably act psychotic, aggressive, and attempt to bite people, and may end up injuring yourself or others
Nootropics are reported to increase the desire for blood and make the taste of flesh sound appetizing. You can often find nootropics users eating rare meat before they succumb to the desire for human flesh. People who use nootropics usually have blood around their mouths, are very pale, and are trying to attack you, probably with their teeth. If you find yourself being attacked by a nootropics user, consider taking these steps: Nootropics Attack Counter Moves.
Jeffrey Dahmer was reportedly a heavy nootropics user, taking heavy doses on a daily basis. A famous boxer was reported to have taken a lethal doses of nootropics prior to his fights, giving him an insatiable lust for blood. But nootropics are still widely available, despite these deadly facts.

Based on all of this, nootropics are probably extremely dangerous and a threat to our future. They will probably make you a zombie and destroy your neurological functions if you take them, based on the scientific evidence. Government officials should take note of this new trend and put a stop to it before it takes over our communities. Our brains our at stake.

martes, 12 de abril de 2016

¿Más información es más conocimiento?




La primera célula eucariótica tardó dos mil millones de años en compartir información con otra célula para dar origen a las primeras sociedades celulares o lo que los científicos consideran como las primeras formas de vida multicelular, el desarrollo del resto de todo el reino animal tomó "apenas" 700 millones de años (Rodolfo Llinás, El cerebro y el mito del yo). 

Tanto en el orden genético y biológico, como en el cotidiano, las especies que mejor han manejado el intercambio de información han sido las más exitosas. Cuando un homínido aprendió a usar un palo como herramienta para tumbar frutas, esa experiencia, que es conocimiento empírico, se vuelve información para que el otro aprenda ese procedimiento y pueda obtener un mejor resultado. Así de simple. Aprendemos de las experiencias de otros para resolver problemas. Ese aprendizaje se hace a través de la información compartida por el experto, es decir quien primero lo aprendió a través de la experiencia. Para compartir esa información el "experto" se puede valer de gestos, signos, palabras o bytes. Nuestro cerebro, que es el órganos más poderoso hasta ahora conocido para procesar, analizar, almacenar  y transmitir información, recibe la información, la procesa, analiza y almacena, para luego utilizarla y tomar la decisión que más se acomoda a la necesidad del individuo.

Pero la información hoy día no viaja a paso de célula eucariótica si no a la vertiginosa velocidad de la red por fibra óptica. Y con ella, con la información, avanza la sociedad. Cada día estamos expuestos a más y más datos, a más y más información. Hemos construida una sociedad altamente comunicada, usando herramientas que van desde las señas al habla, la escritura, la tabla de arcilla, el papiro, el libro y hoy día las Tics para transmitir información y constituirnos, para bien o para mal, en la especie más exitosa de la tierra.

El cerebro humano, órgano central del sistema nervioso, como se dijo anteriormente, es el órgano más completo para manejar, organizar e interpretar información, hasta ahora conocido. Todos los seres que poseen movimiento, también tienen un sistema nervioso que les permite hacer la misma función, pero ninguno con la complejidad que tiene el del ser humano.


Entender cómo funciona el cerebro es fundamental para entender cómo adquirimos conocimiento. Una de las funciones más asombrosas del cerebro es la memoria, la cual tiene una gran importancia para la consolidación del conocimiento. Esta función está ubicada principalmente en el lóbulo frontal. 

Pero en ésta época de una frenética exposición a información (google, redes sociales, smartphones, etc.) surge la pregunta de cómo afecta nuestro cerebro esta situación. Somos más efectivos e inteligentes por que tenemos más información, o por el contrario, al tener la información siempre disponible, a un clic de distancia, nos hacemos lentos, perezosos para adquirirla y procesarla y nuestro cerebro pierde versatilidad.

Esta discusión está desde hace rato en la palestra. Nicholas Carr, Vargas Llosa, entre otros, consideran que la sobre exposición a mucha información impide la concentración y nos hace autómatas que respondemos a un estímulo pero que no hacemos ningún tipo de análisis de lo que recibimos constantemente. La respuesta desde la neurociencia (Facundo Manes) es que desde siempre nos hemos valido de recursos externos a nuestro cerebro para almacenar información. Tablas de arcilla, libros y hoy día el computador e Internet. Dice Manes que debemos regular nuestros recursos cognitivos, no para almacenar la información en nuestro cerebro, si no para aprender a acceder a ella de manera oportuna. Una perspectiva que las Bibliotecas tenemos clara desde hace rato y que hemos venido fortaleciendo con cursos sobre Desarrollo de Habilidades de Información (DHI o ALFIN). "Si aprendemos que la capacidad para acceder a un dato esta tan solo a una búsqueda en Google de distancia, decidimos entonces no destinar nuestros recursos cognitivos a recordar la información, sino a cómo acceder a la misma." 


En última instancia lo que importa es la disponibilidad, acceso y uso efectivo de información para generar conocimiento y seguir haciendo lo que siempre hemos hecho: Responder de manera adecuada a las exigencias del entorno. Por eso el hecho de que ahora tengamos más información disponible nos obliga a ser más efectivos en saber distinguir las fuentes de información y su calidad (Libros, revistas, páginas web, bases de datos, etc.) y  a ser más analíticos y críticos respecto a lo que encontramos en esas fuentes de información.

Comparto el siguiente aparte del libro Usar el cerebro, de Facundo Manes donde trata este tema con mucho acierto.





¿Qué están haciendo las nuevas tecnologías con nuestro cerebro?

La tensión entre la exaltación y el pesimismo en nuestras sociedades es un fenómeno que se realza frente a las grandes transformaciones de la cultura. Apocalípticos e integrados, como los llamaría Umberto Eco, pugnan por interpretar cualquier novedad de acuerdo con sus expectativas. La invención de Internet generó una de las grandes revoluciones de la historia de la civilización, ya que modificó de cuajo las prácticas de sociabilidad, comunicación y acceso a la información. La sociedad digital se extiende de manera vertiginosa y transforma aspectos fundamentales del ser humano.

Una de las grandes transformaciones de esta nueva realidad se da a partir de la idea de un presente permanente y de una totalidad abarcable con solo presionar un botón para la navegación por la web (pero podríamos ampliar a la telefonía celular, el e-mail, el chat, el uso de redes sociales, etc.).

Como hemos dicho, existen diferentes tipos de memoria que involucran diferentes áreas cerebrales, siendo el lóbulo frontal el principal motor de búsqueda de nuestro cerebro. Asimismo, esta área del cerebro se asocia con la memoria de trabajo, es decir, con esta capacidad de mantener la información en la mente disponible para su manipulación. El lóbulo frontal es también fundamental para la capacidad de realizar diversas tareas simultáneamente manteniendo en la mente una meta principal y de orden superior. Además, esta área del cerebro está relacionada con nuestra atención, es decir, con la capacidad de focalizar en cierta información a expensas de otra, de cambiar de una a otra o de atender (alternadamente) a dos fuentes de información al mismo tiempo.

Vale preguntarnos entonces qué cambios precisara nuestro cerebro en constante adaptación a partir de que nos enfrentamos a esta nueva manera de procesar la información. Esta situación que promueve el acceso de la información de manera absolutamente distinta a como resultaba hace cincuenta años también moviliza a reflexionar hasta qué punto nuestro cerebro puede sostener esa  estimulación operativa y esas tareas múltiples. No es casualidad que sea entonces el lóbulo frontal el área que ha ganado más espacio en nuestra evolución.

Es importante tener en cuenta que cierta sobreexigencia puede derivar, sobre todo cuando el cerebro está en desarrollo, en un trastorno compulsivo. La persona que transita largas sesiones conectada en detrimento de otras actividades, con necesidad imperiosa de conectarse y gran malestar si no puede, con dificultades para autolimitarse y con efectos nocivos en su estado de ánimo (usualmente depresión y ansiedad), tiene los síntomas más frecuentes de este trastorno adictivo.

Esto no significa que los usos normales de estas tecnologías lleven a esta condición, sino que, por lo general, quienes la padecen son personas que presentan una neurobiología particular que los hace más vulnerables a caer en estas conductas compulsivas.

Borges (otra vez Borges) describió en uno de sus relatos a la de Babel como una biblioteca total e interminable, con una naturaleza informe y caótica, pero que a través de ella el universo estaba justificado, que con ella el universo había usurpado bruscamente las dimensiones ilimitadas de la esperanza. Muchos leyeron esto como una alegoría anticipatoria de Internet. Parece ser que también, cuando se trata de nuevas tecnologías y neurociencias, se debe invocar al maestro.

El efecto Google

Desde hace un tiempo los titulares del mundo se hicieron eco de supuestos efectos amnésicos de Internet, como si Google fuera una maldición en el hipocampo. Como una extraña paradoja, supimos de esto a través de esa misma tecnología acusada de ser promotora de la holgazanería de nuestro cerebro. Podemos referirnos, como ejemplo, a una nota publicada por la columna periódica que escribe Mario Vargas Llosa para el diario La Nación de Buenos Aires. La columna es del sábado 6 de agosto de 2011 y se titula: "Más información, menos conocimiento". Como se ve, la hipótesis es muy clara y contundente desde el título, y con buen tino hace prever el tema que tratará y su desarrollo argumentativo. En el último párrafo de la columna, el premio Nobel peruano dice: "Yo carezco de los conocimientos neurológicos y de informática para juzgar hasta qué punto son confiables las pruebas y experimentos que describe en su libro [se refiere a Superficiales: ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes?, de Nicholas Carr]". Atendiendo a estas salvedades explicitadas por Vargas Llosa, creemos conveniente poder aportar información sobre ciertas investigaciones que se están realizando desde la neurobiología y, de esta manera, complementar las apreciaciones realizadas.

Lo que sugieren los estudios apocalípticos sobre internet citados en el artículo es que los procesos de la memoria humana se están adaptando a la llegada de nuevas formas de tecnología y comunicación. Y que esta adaptación es perniciosa para el cerebro porque lo libera de un entrenamiento necesario para su buena salud: "Cuanto más inteligente sea nuestro ordenador, más tontos seremos", dice Vargas Llosa sintetizando estas posturas. Debemos recordar que, para nuestra evolución, este proceso adaptativo no es novedoso ya que, por ejemplo, hemos aprendido desde tiempos remotos que cuando no sabemos algo podemos preguntarle a otra persona que si lo sabe o, muchos siglos más acá, consultar documentos escritos o bibliotecas para transformar la duda en una certeza. En este caso que refiere Vargas Llosa estamos aprendiendo que es lo que la computadora sabe y cuando debemos acceder a su conocimiento para asistirnos en nuestro propio recuerdo.

En otras circunstancias ya se dio de igual modo la preocupación por las novedades tecnológicas ligadas a la información y el impacto en nuestra mente. Sin embargo, el ser humano aún goza de buena salud. Estos procesos críticos nos permiten, más bien, dar cuenta de un aspecto fundamental de nuestra conformación biológica: la naturaleza limitada de la propia memoria. Como todo bien limitado, actuamos en consecuencia protegiéndolo y  utilizándolo con un sentido de la oportunidad. Si aprendemos que la capacidad para acceder a un dato esta tan solo a una búsqueda en Google de distancia, decidimos entonces no destinar nuestros recursos cognitivos a recordar la información, sino a cómo acceder a la misma.

A diferencia de lo que plantea Vargas Llosa en su artículo (que la inteligencia artificial "soborna y sensualiza a nuestros órganos pensantes, los que se van volviendo, de manera paulatina, dependientes de aquellas herramientas, y, por fin, sus esclavos", por ejemplo), buscar instintivamente la información en Google es un impulso sano.

Todos hemos utilizado Google para bucear en recuerdos vagos o corregir algún dato inexacto. Sobre este último punto, muchas veces también se desestima la autoridad de los datos extraídos de Internet ya que no es el lugar más confiable para precisiones y exactitudes. ¿Y quién puede decir que si lo es nuestra memoria? Cuando uno experimenta algo, el recuerdo es inestable durante algunas horas, hasta que se fija por la síntesis de proteínas que estabilizan las conexiones sinápticas entre neuronas.

La próxima vez que el estímulo recorra esas vías cerebrales, la estabilización de las conexiones permitirá que la memoria se active. Cuando uno tiene un recuerdo almacenado en su cerebro y se expone a un estímulo que se relaciona con aquel evento, va a reactivar el recuerdo y a volverlo inestable nuevamente por un periodo corto de tiempo, para volver a guardarlo luego y fijarlo nuevamente en un proceso llamado "reconsolidación de la memoria". La evidencia científica indica que cada vez que recuperamos una memoria de un hecho, esta se hace inestable permitiendo la incorporación de nueva información. Cuando almacenamos nuevamente esta memoria contiene  información, adicional al evento original. En otras palabras, muchas veces  aquello que nosotros recordamos no es el acontecimiento exactamente cuál fue en realidad, sino la forma en que fue recordado la última vez que lo trajimos a memoria.

El uso de la web como un banco de la memoria es virtuoso. Nos ahorramos espacio en el disco duro para lo que importa y, en todo caso, al entender a Internet como una red, nos trae a cuenta una información variada, un conjunto de voces frente a las cuales el usuario es soberano. Si un hecho almacenado en forma externa fuese el mismo que un hecho almacenado en nuestra mente, entonces la pérdida de la memoria interna no importaría mucho. Pero el almacenamiento externo y la memoria biológica no son la misma cosa. Cuando formamos, o consolidamos, una memoria personal, también formamos asociaciones entre esa memoria y otros recuerdos que son únicos para nosotros y también indispensables para el desarrollo del conocimiento profundo, es decir el conocimiento conceptual. Las asociaciones, por otra parte, continúan cambiando con el tiempo, a medida que aprendemos más y experimentamos más. La esencia de la memoria personal no son los hechos discretos o experiencias que guardamos en nuestra mente, sino la cohesión que une a todos los hechos y experiencias.

No existe ninguna evidencia científica de que las nuevas tecnologías estén atrofiando nuestra corteza cerebral. Lo que si podemos aseverar es que fue esa misma tecnología la que nos permitió estudiar el cerebro in vivo a través de, por ejemplo, la resonancia magnética funcional, y con ella, conocer más del cerebro en las últimas décadas que en toda la historia de la humanidad. Estas investigaciones nos hicieron posible, además, precisar y tratar ciertas enfermedades neurológicas inabordables hasta hace poco tiempo.

En el clásico Fedro de Platón se cuenta el dialogo que mantuvieron el rey Tamo y Theuth sobre la invención de la escritura. Theuth está exultante por esta novedad que, dice, servirá para aliviar la memoria y ayudar a las dificultades de aprender. El Rey lo refuta diciendo que la escritura "solo producirá el olvido, pues les hará descuidar la memoria; y filiándose en ese extraño auxilio, dejaran a los caracteres materiales el cuidado de reproducir sus recuerdos cuando en el espíritu se hayan borrado". Tampoco la escritura, dice el Rey, será un buen instrumento de las personas para el conocimiento, "pues cuando hayan aprendido muchas cosas sin maestro, se creerán bastante sabios, no siendo en su mayoría sino unos ignorantes presuntuosos". Aquellos argumentos que hacen miles de años justificaban el malestar sobre la escritura, hoy se reiteran con una similitud sorprendente para Internet habiendo virado hacia el lado del bien eso otrora maldito.

Como no lo hicieron la escritura artesanal ni la imprenta, Internet no corroerá los mecanismos eficaces de pensamiento ya que las virtudes de la interacción social siguen siendo centrales para comprender. En un experimento realizado por Patricia Kuhl y colaboradores en Estados Unidos, tres grupos de niños que se criaron escuchando exclusivamente ingles fueron entrenados: un grupo interactuaba con un hablante del idioma chino en vivo; un segundo grupo veía películas del mismo hablante; y el tercer grupo solo lo escuchaba a través de auriculares.  El tiempo de exposición y el contenido fueron idénticos en los tres grupos. Después del entrenamiento el grupo de niños expuesto a la persona china en vivo supo distinguir entre dos sonidos con un rendimiento similar al de un niño nativo chino. Los niños que habían estado expuestos al idioma chino a través del video o de sonidos grabados no aprendieron a distinguir sonidos, y su  rendimiento fue similar al de los niños que no habían recibido entrenamiento alguno. Esto indica que la clave del conocimiento, la memoria y el desarrollo de la especie sigue siendo no lo que el individuo hace consigo mismo ni con la tecnología sino el puente que construye con sus semejantes.

Mario Vargas Llosa dice que después de leer de un tirón Superficial de Nicholas Carr quedo fascinado, asustado y entristecido. Una respuesta desde la neurobiología quizás pueda morigerar esa apesadumbrada sensación. Otra, desde la intuición. En general, las personas siguen conversando sobre sus cosas además de escribir y leer atentamente, y también usan cotidianamente Internet. De hecho no sería extraño ver en un mismo bar de una ciudad como Buenos Aires a dos viejos amigos que conversan efusivamente de la vida, mientras en otra mesa un profesional termina un proyecto en su computadora personal y, en otra, una persona de cualquier edad está encantada leyendo un libro del propio Vargas Llosa.

Apartes del libro de Facundo Manes

viernes, 29 de mayo de 2015

Charlie Charlie... No jueges con mi cerebro / Charlie Charlie, don´t play with my brain

Descubra qué tiene que ver la Ley de Newton con Charlie Charlie
Foto Mario Valencia
Tomado de El Colombiano
POR NATALIA OSPINA VÉLEZ | PUBLICADO HACE 9 HORAS


A Sir Isaac Newton no le sorprendería el juego de Charlie Charlie, él sabría que en esa experiencia ‘sobrenatural’ el tal demonio mexicano tiene nombre propio: gravedad. Esa ley sumada al torpe posicionamiento que adoptan los lápices impide que se queden quietos y se inclinen hacia un lado u otro.
Explica la BBC que “la posición de los lápices es tan inestable que la menor variación en el ambiente que los rodea puede afectar su equilibrio. Es decir, un pequeño temblor en la superficie donde están apoyados o un ínfimo movimiento de la corriente de aire provocado por la respiración, pueden hacer girar el lápiz”.
Por lo tanto, la única posibilidad de que los lápices permanezcan quietos es alineándolos perfectamente.

Una jugada del cerebro

Antonio Carlos Toro, psiquiatra y profesor del departamento de psiquiatría de la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia, señala que lo desconocido genera temor, mucho más cuando se desconoce la explicación lógica del fenómeno, “en esas circunstancias el cerebro se pone hipervigilante haciendo falsas interpretaciones de las cosas, teniendo percepciones que no son, comienzan a imaginarse o a ver otras cosas y aumenta el miedo”.
Algo muy parecido a lo que ocurre cuando estamos solos o en la oscuridad, que percibimos ruidos y movimientos extraños como una forma de autocuidado del cerebro y de prevención del peligro.
Es que de vez en cuando el cerebro nos engaña y nos juega malas pasadas, mucho más en la juventud y la niñez, épocas de la vida en las que apenas comienza a estructurarse la personalidad.
Cuando no hay suficiente capacidad para enfrentar el miedo y hay incertidumbre, algunos somatizan ese temor y aparecen síntomas como desmayos o parálisis momentáneas, “ahí es cuando la gente dice que se trata de demonios, cuando en realidad lo que reflejan esos síntomas es la incapacidad de manejar una situación donde hay mucho miedo. El miedo lo necesitamos para sobrevivir, pero hay unas situaciones en las que nos sobrepasa y perdemos la capacidad de enfrentarlo. Hay unas personas que tienen más capacidad para hacerlo, eso se llama resiliencia, y la persona se sobrepone rápidamente a los eventos adversos”, advierte Toro.

Los peligros de la viralidad

Un débil sistema de valores y creencias aunado a la inmensa facilidad de acceder a contenidos en redes sociales son también otro punto crítico del asunto. “El juego de Charlie, Charlie es más un tema de viralidad que se genera en las redes y el interés que tienen los niños por estas cosas ‘paranormales’. Está claro que en la niñez y la juventud esos juegos son muy frecuentes. Por eso, los papás deben tener más control, más filtro para que sus hijos no caigan en este tipo de juegos”, explica Carlos Andrés Londoño, psicólogo especialista en consultoría en familia y redes sociales.
En resumen Charlie no es un asunto de fantasmas, es desconocimiento y falta de control. Las familias y la academia deben atender y acompañar más a esas generaciones de hoy tan expuestas a la tecnología y a estos movimientos, nocivos para muchos de ellos.
“De un tiempo para acá las figuras de autoridad vienen siendo el celular, el computador y el televisor. No hay una figura paterna, no en el aspecto masculino, sino en el sentido de quién impone las normas, los controles y quién sanciona lo que no es correcto, cuando esa figura no funciona se presentan estas cosas. También está la curiosidad innata de los niños que se va transformando con el tiempo, primero juegan con la ouija, luego con marihuana de manera experimental y 15 años después terminan en la calle”, concluye Londoño .